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Aquí está prohibido saludar de mano: mexicana en España

En los centros comerciales, las farmacias y pequeñas tiendas las medidas para comprar algunos insumos son radicales.

| Reuters

MADRID.- La vida ha cambiado en Graus, España. Los bares están cerrados y los juegos infantiles se vaciaron. Salir de casa ya no es opción y los viajes en familia se han pospuesto; el coronavirus Covid-19 ha tomado las calles.

En los centros comerciales, las farmacias y pequeñas tiendas las medidas para comprar algunos insumos son radicales.

Por orden del Estado, en los establecimientos se han pintado líneas amarillas de un metro y medio de distancia entre cada persona en las filas para evitar algún contagio.

Diana Flores, mexicana en aquel país desde hace cinco años, es una de tantos connacionales que desde otra parte del mundo sufre la contingencia de este mal.

Vivir en esta comunidad, dice, es casi como estar en un toque de queda. La Guardia Civil ronda en cada esquina para asegurarse que la población no salga y si la persona desobedece es multada hasta con mil euros, casi 3 mil pesos mexicanos. "Es sencillo.

Te formas y te vas esperando conforme avance la otra persona; está prohibido saludar de mano; los multan de 300 a mil euros si conduces y no tienes el decreto real", cuenta.

La también académica de Historia, por la Universidad Nacional Autónoma de México, relata que los camioneros que llevan productos alimenticios lo hacen porque cuentan con un decreto real en donde se indica que tienen autorizado trasladarse de su casa a la empresa y solamente con ese permiso la gente puede usar automóvil.

"Las personas que queremos salir a comprar pan o algo lo debemos hacer de uno en uno, los niños no pueden estar en las calles, las personas mayores tampoco.Se decretó el Estado de alarma, que es el término que se utiliza aquí; no podemos salir y se limita el tránsito de personas en las calles.

"En los autos debe ir una sola persona, si van varios se debe de justificar y la segunda persona debe ir en el asiento de atrás. Justificarse en el sentido que la persona a la que se lleva es porque va al hospital o alguna urgencia", platica.

Más muertos que en China España superó a China en cifra de fallecidos por coronavirus, al alcanzar las 3 mil 434 muertes, frente a las 3 mil 281 del país asiático, según cifras del Ministerio de Sanidad español.

Las nuevas muertes por la pandemia en España fueron 738 en las últimas 24 horas, un nuevo máximo diario y un 43 por ciento más que los fallecimientos diarios notificados.

Diana, de 47 años, es gerocultora en la Residencia Valle del Ésera en Campo, Huesca; labor que la vuelve aún más vulnerable a contraer el Covid-19. En esta nación, el Servicio de Asistencia a Domicilio—que es exclusivamente para personas de la tercera edad— está reclutando más gente "para ayudar a los abuelos y llevarles alimento y medicina".

Desempleo y cubrebocas caseros Las adversidades no cesan. La atención a personas con coronavirus ha sido prioridad y el centro de salud no está dando servicio, excepto que sea una urgencia.

"Aquí, por ejemplo, se llama por teléfono si un abuelito se siente mal y el médico va personalmente a atenderlo".

La escasez de cubrebocas y gel antibacterial no es exclusiva de México. En esta comunidad española, mientras algunas personas los contrabandean u ofertan en redes sociales, "muchos abuelitos se están organizando para coser cubrebocas en sus casas".

"La contingencia no es normal, pero el término pandemia aquí no lo toman como una cuestión de película de Hollywood, no lo ven con esa forma; la ven como una enfermedad masiva".

"Parece como un Estado de guerra"

La incertidumbre por el daño que causará a la economía de las familias es tema de conversación en la comida o antes de irse a dormir solo que desde una manera más dosificada al saber que el gobierno de España ayudará a su población mientras dure la contingencia.

"La única ventaja de estar en casa en España significa que a lo mejor vas a perder tu trabajo, pero el Estado de te va a dar una ayuda, una partida de baja laboral, es decir, una ayuda en el caso de desempleo.

"Las veces que salgo no se ve nadie, algunos asomados en la ventana. Se permite que salgan a pasear a los perros, pero solo una persona debe hacerlo. La gente es muy responsable y respetuosa, los juegos infantiles están abandonados; parece como un Estado de guerra, nunca había visto el pueblo tan vacío". Te

Al despertar, Diana prepara el desayuno a su esposo, un trabajador español que opera un camión de alimentos.

Entre las charlas mañaneras él le cuenta que no había vivido algo así en este país y aunque inicialmente creía que era una exageración el uso de guantes y cubrebocas, la realidad les muestra otra cara de la moneda. En el vecindario donde viven, los huéspedes se han amoldado al virus.

Los niños que la mayor parte del tiempo suelen correr y gritar por los pasillos han tenido que tomar clases de educación física en la sala y sus instructores son sus padres.

"Mi esposo no puede parar en los restaurantes de carretera porque están cerrados. Hay que prepararle su alimento y pararnos más temprano, no hay gente en la calle. Las veces que salgo no se ve nadie, algunos asomados en la ventana. El tiempo a paso estudiando, arreglando la casa, me asomo a la ventana y veo las montañas.

"En este edificio hay como cinco niños, pero parece que no. Les ponen tareas por internet. Una vecina toma sus cursos por internet y, por ejemplo, en las materias de educación física se ponen los papás en casa a hacer ejercicio en la sala". La noche llega y la rutina se asoma.

Nuevamente Diana Flores se acuesta no sin antes ver los telediarios y conocer qué ha pasado de nuevo ante esta pandemia para la cual la única medicina, al menos entre los españoles, es estar en casa.

"Creo que les da cierta calma el saber que hacer una sola cosa, les da seguridad a ellos y a su gente: quedarse en casa. Estar en casa parece la medicina, no hay otra cosa y es lo que nos han hecho pensar.

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