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La obesidad infantil altera el cerebro de los niños como si sufriera un trastorno obsesivo

En Barcelona se llevó acabo una investigación basada en la resonancia magnética del cerebro de 230 niños de entre 8 y 12 años.

La obesidad infantil altera el cerebro de los niños como si sufriera un trastorno obsesivo

La obesidad infantil en el grado extremo de exceso de peso, el cual es padecido por al menos el 5% de los menores, tiene un reflejo en el funcionamiento cerebral semejante al que tienen las personas que padecen trastorno obsesivo compulsivo (TOC). El hallazgo de la unidad de investigación en Resonancia Magnética del Hospital del Mar, junto al Instituto ISGlobal, ha indicado que cuando el sobrepeso alcanza esa fase extrema, ya no solo se trata de un problema de cambio de hábitos, si no que el afectado necesitará otro tipo de abordaje ya que en su cerebro están cambiando las cosas.

Posiblemente la semejanza que tiene con el TOC puede brindar pistas sobre qué hacer para ayudarles.

¿Qué va primero, el TOC o la obesidad?

El TOC es bien conocido y existía igual cuando no había esta epidemia de obesidad infantil. Por eso creen que es más probable que sea un determinado punto de obesidad el que altera el funcionamiento cerebral, aunque está por estudiar, así como surelación con la propia genética. Han analizado las resonancias de los cerebros de 230 niñas y niños de entre 8 y 12 años que participaban en el estudio Breathe, que analiza en miles de menores el impacto de la contaminación ambiental en el neurodesarrollo.

El lóbulo órbitofrontal se hiperactiva y se dispara la ansiedad, le obliga a actuar, pero comer no le tranquiliza.

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Entre los pequeños que tenían sobrepeso, no obesidad, se observa cómo baja la respuesta del sistema motivacional del cerebro (una función que se centra en el lóbulo órbito-frontal, encima de las órbitas de los ojos). Una respuesta baja a cualquier motivación, salvo a la comida. Es algo que también se observa en el caso de personas que sufren adicciones.

En cuanto el niño o la niña superan un punto determinado de gordura y alcanzan la obesidad, “el cerebro sufre una importante alteración: el sistema motivacional se hiperactiva, incluso en reposo, y se observa cómo aparecen la ansiedad y los pensamientos intrusivos que le obligan a actuar, a comer, o no comer, o esconder la comida. Y hacerlo no calma esa angustia”, explica Pujol.

Si el niño con sobrepeso puede disfrutar del estímulo de comer, aunque se haya apagado la respuesta al resto de estímulos, el obeso no. Sufre. No calma su ansiedad.

Del estudio, el primero conocido que analiza a través de las resonancias magnéticas esta semejanza con las alteraciones cerebrales de un obsesivo compulsivo, se deduce “que hay que estudiar mucho más qué pasa cerebralmente en estos niños obesos, porque está claro que habrá que tratarlos con algo más que dieta y que necesitan un tratamiento individual”, opina el investigador. “Estos cambios observados ocurren cuando el cerebro está aún en formación, también su personalidad. Si no se hace nada, se estructurará mal”, advierte.

El 38% de los niños y niñas entre los 6 y los 11 años sufren sobrepeso y obesidad en Catalunya. En el estudio llevado a cabo por el Instituto ISGlobal, financiado por la Caixa, el sobrepeso y la obesidad alcanzan al 40% de esas edades.